Entonces no sabía cómo se llamaban los licores ni quién los hacía, yo no soy de Ocoyoacac, pero alguien que sí es me llevó allá: una callecita hacia arriba cerca del centro, un patio con bancas de madera y una techumbre; desde una barra hechiza, los licores: de zarza, de lima, de tejocote, de prodigiosa para el estómago, de tabaquillo.

Muchos años después volví, ya no por el licor sino para conocer a sus creadores; don DF, el iniciador de esta tradición ya ha muerto, pero sus dos hijos siguen produciéndolo. Hablamos con Juan Manuel Fonseca y su esposa Rosa Pérez, así como con Ángel, su hijo, porque ellos están interesados en continuar con la elaboración de los licores y también en la comercialización de esta bebida que está inserta en la memoria cultural de Ocoyoacac.

Durante la elaboración de esta serie de bebidas de Gastronómada fue una constante que los productores o expendedores del producto buscaran comercializarlo; una quizá una necesidad que responde a los tiempos actuales: buscar la unión entre la elaboración tradicional y la posibilidad de llevar a cabo un negocio.

La familia me contó que la tradición proviene del abuelo, desde hace 80 años, él tenía una tienda de abarrotes y una cantina; la idea del emprendimiento es de Ángel, nieto de Daniel, quien junto a sus padres decidió trabajar para posicionar al licor, por ello ha buscado trabajar en la marca y hacer los registros necesarios para cubrir los requisitos para expender el licor.

En el proceso de elaboración de estos licores, la familia busca las mejores frutas, los mejores ingrediente, los Fonseca Pérez tiene una mentalidad que, muy probablemente, da la comunidad; pretenden apoyar a quienes venden los insumos; así ganan todos, una experiencia económica comunitaria.

En casa elaboran el licor, doña Rosa se encarga de lavar la fruta, hace mucho del proceso, por su parte, Ángel ha ido adquiriendo herramientas de medición para garantizar un estándar y con ello la calidad de este producto que empezó como una especie de remedio para los males estomacales; de la prodigiosa al tabaquillo se pasó al licor de lima, a las cremas, a la preparación más sofisticada con agua mineral y hielo.

En Ocoyoacac la elaboración de licores no la realiza gran cantidad de personas, pero se conoce, lo mismo que varias manifestaciones gastronómicas del pueblo, es el caso del tamal de ollita y otras expresiones que se extienden a lo largo de poco más de 134 kilómetros. Es un municipio con tradición cultural importante, existen las danzas destacan los arrieros, los moros y cristianos.

La familia Fonseca asiste a la ferias para exhibir el producto, darse a conocer de manera más amplia, piensa en entrar con los licores a la zona restaurantera del lugar, promover el turismo y hacer un negocio que no estorbe con difundir esta tradición de un pueblo que, indudablemente, aman.

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